martes, 27 de mayo de 2025

¿Hacia dónde avanza México?

Muchos analistas, especialistas y comentaristas en las redes sociales hablan que desde el 2018, de la llegada de morena al poder, vamos rumbo al comunismo, pero ¿qué es el comunismo? Es un sistema socioeconómico que busca la abolición de la propiedad privada (medios de producción: fábricas, tierras, recursos) y su sustitución por propiedad colectiva, con el objetivo teórico de crear una sociedad sin clases sociales. ¿Ya sucedió? ¿El estado controla los precios, producción y distribución? ¿Y ya estamos así? ¿Hay un partido único? ¿Acaso solo existe una sola clase en México?

Desde el 2018 no se ha eliminado la propiedad privada; si bien es cierto que el Estado interviene en sectores como PEMEX y CFE, pero no llega a un control total; también existe pluralidad política: hay Estados y municipios que son gobernado por partidos diferente a morena.

Las acciones de AMLO y la hoy presidenta más bien van encaminadas a ser socialdemócratas porque existe un mayor gasto social en pensiones universales y becas, pero sin cambiar la estructura económica; existe un nacionalismo económico porque hay protección de empresas estatales.
Existe un discurso político por parte de la oposición (PRI – PAN) que usan el término comunista para desacreditar a Morena, pero más bien es una estrategia retórica que una realidad. Se basan en la parte discursiva que hay en morena contra “la mafia del poder” o élites económicas.
México no avanza hacia un comunismo, sino hacia un capitalismo con mayor intervención estatal y con políticas sociales.

La demografía, la diversidad social, la economía, la fuerza institucional, la cultura política y el apego a las libertades que tenemos los mexicanos hacen inviable un comunismo. Incluso si el gobierno lo intentara, se toparía con una rebelión empresarial, una presión internacional principalmente por EUA y una resistencia social sólida por parte de los mexicanos. Además, el costo político lo hace más inviable, ya que morena depende del apoyo popular, y si el gobierno pretendiera usar la fuerza a gran escala, les haría perder legitimidad. No hay indicios de un plan estructurado para someter a la población: un ejemplo es que la guardia nacional está más enfocada en la seguridad pública que en la represión política.

Lo que es un hecho es que México, como cualquier País del mundo, hay riesgo de un autoritarismo pleno y gradual; por eso es importante que exista una verdadera oposición, como cuando el PRI y PAN lo eran, y hoy los une los intereses personales y de poder.

Morena le ganó la narrativa al PAN-PRI porque domina el discurso público, mientras la oposición solo reacciona y no acciona; quieren asustar con el comunismo cuando México sigue siendo capitalista. En sí, el discurso del comunismo no convence porque no coincide con la realidad del día a día de los mexicanos y porque la oposición no tiene autoridad moral tras décadas de corrupción.
Ciertamente, como cualquier gobierno del mundo, hay muchas áreas de oportunidad por mejorar; por eso es importante que la sociedad se informe, analice y reflexione, y sobre todo exija a los gobernantes y legisladores que hagan bien su trabajo, y no se permita la corrupción que aún no se puede erradicar.

México mantiene su estructura capitalista, pero con evidentes rasgos estatistas, populistas y con una clara tendencia a la concentración de poder y polarización. Aunque no es un régimen autoritario pleno, el debilitamiento de contrapesos debe preocupar. La democracia sigue presente, pero necesita una oposición sólida con liderazgos para evitar que estos rasgos se amplíen.

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